Una historia que todo el mundo debería conocer. “EL DIOS HUMEANTE”

Hoy entramos en el conocimiento de una obra que ha pasado desapercibida por la mayoría, una obra que relata el viaje de un marinero noruego de nombre Olaf Jansen, al interior de la tierra.

Escrita por el novelista Willis George Emerson, en el año 1908. En ella Olaf, explica cómo  navegó a través de una entrada al interior de la Tierra en el Polo Norte. Un día el y su padre iban en un bote pesquero con el fin de llegar a la tierra que estaba más allá del viento del norte. Sin embargo, una extraordinaria tormenta los llevó muy lejos, a través de una apertura polar que conduce al interior de la Tierra.

En el regreso, su padre perdió la vida al chocar la embarcación con un témpano de hielo, quedando su bote destruido. Olaf Jansen se salvó para posteriormente pasar veinticuatro años en un manicomio por haber contado la historia de su experiencia. Al salir del manicomio guardó su secreto.
Empezó a trabajar como pescador y logró ahorrar lo suficiente para trasladarse a Estados Unidos, estableciéndose primero en Illinois y después en California. Próximo a cumplir 90 años, Olaf conoce a Willis G. Emerson, con quien hace amistad y le relata su aventura.
A la muerte del anciano, Emerson recibe no sólo los mapas del interior de la Tierra que Jansen había dibujado, sino también el manuscrito donde el noruego describió su experiencia y que, en vida, no mostró a ninguna persona por el temor de ser tomado nuevamente por un loco y ser detenido.
Emerson (que publicó la obra en 1908) rescata en sus páginas el extraordinario viaje de Olaf; en sus páginas se habla de las gentes que el marino vio en las entrañas del planeta, y cuya lengua nativa dice haber aprendido junto a su padre durante los dos años que pasaron con ellos.
Jansen afirma que los habitantes subterráneos viven de cuatrocientos a ochocientos años, tienen una estatura media superior a los tres metros y poseen un altísimo nivel científico. Su mundo estaba iluminado por un sol central “humo”, su ciudad capital era denominada como Edén y existían cuatro grandes ríos: el Éufrates, el Pisón, el Gihón y el Hidekel.

Fuente: EL DIOS HUMEANTE

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isidro

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